viernes, 30 de noviembre de 2007

SEIS MESES EN TUMBES: “Guardaparques”

“A TI GUARDAPARQUE DE TUMBES
MI RECONOCIMIENTO, MI RESPETO… Y MI CARIÑO”

Cuando pisé por primera vez suelo de Tumbes sentí un enorme calor. Era julio del año 2005 y el sol iluminaba con sus fuertes rayos el aeropuerto en aquella tarde de jueves: así transcurrieron los meses, entre el abrazante calor tumbesino y el reconfortante y amigable calor de la gente. De hecho, estaba a cientos de kilómetros de mi natal Lima, pero me sentía en casa.
Me alegró mucho saber que como comunicadora podía no solo escribir reportajes, crónicas y noticias, sino también trabajar desde una consultoría para continuar contribuyendo al desarrollo de mi país.
Así fue que empezó mi labor de Especialista en Comunicaciones para el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes (SNLMT). De esta forma, pude conocer in situ la importante labor que se desarrolla en favor de la conservación del medio ambiente. Uno de los profesionales que hace posible esta labor es el guardaparque, y sobre él escribiré a continuación.
Sin embargo, es necesario comentar que la Jefatura de Áreas Naturales Protegidas de Tumbes y Piura del INRENA tiene a su cargo, además del SNLMT, el Parque Nacional Cerros de Amotape (PNCA), la actual Reserva Nacional de Tumbes (en ese entonces Zona Reservada de Tumbes-ZRT), y el Coto de Caza El Angolo (CCA).
Otro dato: en nuestro país existen 60 áreas naturales protegidas (ANP). Y como se puede observar, cuatro de ellas se ubican al norte del país.
OCHO POR 22.- Los guardaparques trabajan “ocho por 22”. ¿Qué significa? Que van al puesto de control (PC) a donde fueron designados y permanecen allí durante 22 días. Al término de este periodo, regresan a la ciudad, presentan su informe mensual, y se aprovisionan para su próxima estadía en el PC.
Durante los días que permanecen en el PC, los guardaparques se levantan muy temprano, preparan sus alimentos, y se disponen a cumplir las tareas que tienen previstas realizar, como censos de flora y fauna, labores de educación ambiental con la población local, patrullajes por la zona de amortiguamiento, o alguna otra actividad.
Allí están ellos, siempre listos para trabajar. Y es que así son los guardaparques, hombres y mujeres que dedican su vida a la conservación del medio ambiente en nuestro país y lo hacen con dedicación y esfuerzo.
Y no les importa si no cuentan con una cómoda oficina con conexión a internet, o si no pueden despedirse para ir al trabajo, dando un beso en la frente a sus hijos. Porque comprenden muy bien, los sacrificios que hay que hacer, así lo exige su labor, y así lo entienden.
Al culminar los 22 días en el PC, ellos “bajan” a la ciudad. Aquí un interesante detalle en la forma de expresión de los guardaparques. Cuando se dirigen al puesto de control dicen: “Voy a subir” y cuando retornan a la oficina del Inrena en Tumbes dicen: “voy a bajar”. Singular modo de hablar que intenta graficar a través del lenguaje el variado relieve del suelo tumbesino.
Los guardaparques también contribuyen a la conservación del medio ambiente a través de la palabra escrita: Henrry Preciado y Lucho Grippa (guardarparques del SNLMT) escribieron el artículo: “Un día de patrullaje en el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes” en la sección: La columna del guardaparque, que se publicó en el primer boletín impreso del Comité de Gestión del SNLMT, que tuve el agrado de editar.
En el artículo, los guardaparques hicieron gala de conocer muy bien la zona, y hablaron de su importancia, así como de su flora y su fauna.
Y así transcurrieron mis días en Tumbes aprendiendo mucho de todas y cada una de las personas con quienes trabajé, y aportando desde mi experiencia periodística. En otra ocasión comentaré sobre la labor que desarrollan los especialistas, el jefe, el personal administrativo, y los guardaparques voluntarios, también integrantes del equipo que conserva cada ANP de nuestro país.
Mi retorno.- Cuando en diciembre de ese año, hubo que partir de retorno tuve que reunir muchas fuerzas para despedirme de tantos amigos que hice, a quienes va mi sentimiento de gratitud.
Y quizá por ello, mi retorno fue en bus y no en avión, acaso con la idea de hacer más larga mi despedida, acaso con la idea de mitigar un poco la añoranza que ya estaba empezando a sentir, cuando desde el bus empecé a divisar con mayor distancia la hermosa playa de Zorritos, donde por primera vez sentí un mar tibio y desde donde aprecié una maravillosa puesta de sol. Quizá por eso, me fui en bus y no en avión.
Quizá.
Lo cierto es que prometí regresar, pues hay muchísimo por hacer, y espero pronto volver a Tumbes, la ciudad del amor y del eterno verano; eterno, así como mi cariño.

No hay comentarios: